domingo, 21 de octubre de 2012

Hablamos de querer porque amar nos da miedo.


Amar es dar la vida. Apostarlo todo sin miedo a perderlo. Amar es como una canción lenta que no acaba nunca. Amar es perder la noción del tiempo escuchando el sonido de su voz. Es saber esperar. Es quedarse bajo la lluvia el tiempo que haga falta. Es saber escuchar. Es defender lo que importa. Darlo todo sin esperar nada a cambio. Aceptar las manías del otro y hacerlas tuyas. Es pasar horas discutiendo y arreglarlo todo con un beso. Es pasarte las noches en vela hablando. Son miradas. Sonrisas. El sentimiento compartido. Ver siempre el lado bueno y no rendirse nunca. Bailar descalzos por el suelo del salón. Es la vela que siempre se queda encendida después de una cena a oscuras. Amar es dejar a un lado los defectos y cambiarlos por besos en el cuello. Amar es dormir a tu lado, y no dormir. Amar es como una foto en blanco y negro. Como una disculpa aceptada. Como un abrazo esperado. Como unas lágrimas sinceras. Lágrimas de dolor, alegría, soledad, lágrimas de risa o lágrimas contenidas. Amar es como el rallo de Sol que ilumina el claro de un bosque. Como un reloj sin pilas. Como la última página de tu libro favorito. Como un paisaje. Como pisar la nieve. Como las palomitas estallando. Como la risa de un niño pequeño. Como atrapar la pelota en un partido de baseball o conseguir la escoba del tren de los escobazos. Es como una canción triste que te haga sonreír. Como un sueño cumplido. Como un recuerdo. Como un suspiro. Como la orilla calmada después de la tormenta. Como los fuegos artificiales. Como el maullar de un gato. Como una promesa. Como la llama que no se extingue. Como el beso de despedida. Amar no es una palabra, ni un sentimiendo en si, el amar son hechos. Así que, ya puestos, quiero que tú seas mi amar.

Sonríe princesa, te están mirando.


Todos queremos un cuento de hadas. Todos queremos un castillo del que salir corriendo a las 12 en punto, y dejarnos el maravilloso tacón de cristal en las escaleras, así, el príncipe encantador podrá ir de casa en casa buscándonos. Os imagináis? Que llame a la puerta un buen día y pregunte por aquella chica preciosa que conoció en un baile de máscaras. La chica de la que se ha enamorado. La chica de sus sueños, y, esa chica eres tú. Y BÚM! Ya está! Ahora solo queda que el narrador diga eso de ‘fueron felices y comieron perdices’. Como que con solo decirlo se iba a hacer realidad. Y claro, hay muchas maneras de tener el cuento. El príncipe puede ir a buscarte de casa en casa con un zapato en la mano, puede escalar la torre más alta del reino para besarte, puede luchar contra mil ejércitos con tal de verte sonreír. Pero, dejemos de soñar cosas imposibles. Nuestros príncipes se quedaron atrapados en las páginas de los cuentos viendo como crecíamos. Ahora soñamos con otros príncipes, esos príncipes con los que hablamos através de una pantalla, esos que visten vaqueros y sudaderas en lugar de lucir relucientes trajes. Pero no por eso dejan de ser príncipes ni nosotras princesas. 

Esto es lo que hacemos todos.


Nos lanzamos al vacío y esperamos poder volar, pero como no es así, caemos como piedras y durante la caída nos preguntamos por qué hemos saltado. Y aquí me tienes, cayendo, y tú eres la única persona que puede hacerme creer que vuelo.

Cuando tú quieras donde yo esté.


Ven conmigo donde solo nosotros sabemos, solos tú y yo, donde no nos encuentren. Ven conmigo donde la vista alcanza hasta el horizonte, donde el aire sabe a sal y el mar a infinito, sobre el cual, el viento y las nubes no dejan de jugar y no pone ningún obstáculo a la mirada. Ven conmigo a hablar sobre el piar de los pájaros, sobre la luz a los árboles y sobre el tiempo cuando se detiene. Con el pelo deliciosamente revuelto a causa de tus besos en mi cuello. Despertarme respirando el aroma a café que ahuyente el cansancio. Ven conmigo a ser felices para siempre. Donde no nos molesten. O simplemente ven conmigo a cualquier lugar. Solo ven conmigo. 

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-Que quieres por tu cumpleaños, cariño?
+Un cuenco de tequila y una cuchara.