Poca gente consigue conocerme del todo. Más bien nadie lo sabe todo de mí, ni siquiera yo sé quien soy realmente. Aunque... ¿podemos conocerlo todo de una persona? Yo creo que no. Y es mejor así. Porque solemos montarnos un modelo y al descubrir la verdad llevarnos decepciones. Es como si a una persona que ha sido ciega toda su vida, que no sabe el verdadero aspecto del mundo le pudiéramos dar la oportunidad de descubrirlo, devolviéndole mágicamente la vista. ¿Qué haríais vosotros al ver que nada es como lo habíais imaginado? Sinceramente yo preferiría cegar la espantosa realidad y quedarme en mi maravilloso mundo perfecto. Tal y como yo lo he imaginado. Como yo he querido que fuera.
Lo sé. Soy un poco difícil de comprender. Pero tengo esa mentalidad. No puedo remediarlo, y aunque pudiera, supongo que no cambiaría por nada ni por nadie. O eso es lo que siempre se dice. Es una frase hecha, y, aunque creamos que lo hemos conseguido, sin darnos cuenta las personas influyen en nosotros, cambian nuestra forma de ser sin que podamos hacer nada al respecto. A veces para bien y otras para mal. Y en otras ocasiones nos calan tanto, que no conseguimos sacarlo y nos come por dentro.
Soy una persona… más bien me considero una persona afortunada. ¿Por qué? Por todo. Por conocer a personas tan estupendas, o al menos conocerlas hasta el punto que ellas han querido que las conociera, e incluso dentro de ese círculo, estoy contenta con el resultado obtenido. O simplemente creo que soy afortunada por nacer en una familia que me quiere y con recursos necesarios para que pueda ser alguien destacable en la vida de los demás, o simplemente en mi propia vida.
Vergüenza. Siento una gran vergüenza hacia las personas que no conozco demasiado. Esto me supone un gran problema, porque a causa de mi timidez me pierdo oportunidades que después echo de menos. O no tengo el privilegio de conocer a personas estupendas y tienen que empujarme a presentarme. Después de todo, soy una persona en la que puedes confiar. A la que puedes contarle de todo, o no contarle nada. Pero, pase lo que pase siempre estaré allí si necesitas un abrazo. Sin preguntas. Sin rencores. A cambio únicamente pido que no me hagan preguntas incómodas que cuesten responder. Solo eso.
Soy una romántica empedernida. Hasta el punto de parecer cursi. Me gustan las películas pastelosas con finales felices en los que comen perdices, y a la vez sueño con esa película de acción en la que el bueno muera y el malo consiga su propósito. O la típica película que todo el mundo ama en la que se te encoge el corazón y te sientes obligada a llorar desde el primer momento, estilo Forest Gump. Soy una amante del cine. En especial las películas basadas en libros.
No me gustan las modas. No soy de las que siguen a los demás para sentir que formas parte de algo. Al igual que tampoco escucho la misma música que los demás. Y estoy harta de que me pregunten: “¿pero tú qué clase de música escuchas?” Pues que deciros. Música buena. Sin menospreciar los gustos de los demás, pero me parece absurdo eso de mirar como polillas un cartel luminoso en el que ponga: “novedad”.
Realmente AMO LEER. Y no comprendo como a la gente no le gusta. Es trasladarte sin moverte del sitio a cualquier lugar del mundo y sentir las experiencias que sientan los personajes de la historia. Más de una vez me he enamorado perdidamente de un personaje inexistente y he fantaseado con que el autor de halla basado en alguien real para que pueda decir: Mi chico perfecto existe. Y si tuviera que elegir a mi autor preferido, sin más rodeos sería Shakespeare. Y si me pides segundas opciones firmemente diría que Nicolas Sparks o Federicco Moccia. ¿Un poeta? Pablo Neruda indudablemente.
¿Un idioma? Italiano. Y obviamente el país sería Italia. Me suelen parecer costosos los idiomas, pero el italiano lo aprenderé. Y mi sueño es recorrer Italia únicamente con un libro de Federicco Moccia y un diccionario. ¿Suena absurdo? Quizás porque lo es. Pero por muchas veces que me pierda y muchas lágrimas que me vea obligada a derramar, algún día lo conseguiré. Y que se atrevan a interponerse en mi camino.
Doy demasiadas oportunidades. O no doy ninguna. Según la primera impresión que hallas dado, a no ser que me hagas cambiar de opinión y me demuestres que estaba equivocada.
Soy una persona distraída, torpe, desordenada, risueña, imaginativa, soñadora, alegre, demasiado empática, cariñosa, realmente borde en repetidas ocasiones… Lo siento. Ninguna de estas cualidades están pensadas a posta. Soy de esas que se ríen por todo. Soy feliz. Y si por cualquier razón estoy triste o preocupada por algo, no se lo enseño al mundo, porque, ¿por estar yo mal tienen que estar mal los demás? Pues no. Y si me presento distante en público, es que es realmente serio. Y lo siento si no doy explicaciones. Pero si quiero contarlo, lo cuento y si no, no. La confianza hay que ganársela.
Confío demasiado rápido en las personas, y me dejo llevar por su personalidad. Mi problema es que siento de una forma demasiado intensa. Y cuando se alejan, las echo mucho de menos. Se podría decir que soy adicta a algunas personas. Porque realmente no sabría qué hacer si, una vez que han entrado en mi vida, se van sin dar más explicaciones. Dejándome con ganas de más. Con ganas de tenerlas cerca.
Me gustan las largas duchas de agua caliente. Me ayudan a despejar la mente y reordenar las cosas en mi cabeza. También soy fan de los paseos a solas por cualquier lugar. O simplemente, te colocas los auriculares, cierras los ojos y apagas el universo.
Soy de las que se pincan con nada, pero me suelo tomar las cosas a broma. Defiendo lo que me importa y a quién me importa. Da igualen qué situación te encuentres, siempre estaré allí para apoyar a quien me pida ayuda.
No creo en demasiadas cosas. Creo, por ejemplo en los “para siempre” y en los “hasta nunca”, y no suelo usarlos a la ligera. No creo en el amor a primera vista. Sinceramente me parece absurdo, puede llamarte la atención una persona, pero no creo que te puedas enamora sin saber nada de ella. Sin embargo, creo en los amores a distancia, solo si realmente sienten algo muy fuerte el uno por el otro.
Para mí no existen las casualidades. Todo pasa por alguna razón, no lo llamo destino, si eso es lo que estáis pensando, pero creo que cada uno se labra su futuro con sus hechos y decisiones. Y que todos nos comportamos tal y como nos comportamos por alguna razón.
De mis defectos prefiero no hablar, se nos haría muy largo. Supongo que lo más significativo de mí en este campo es que soy realmente fácil de herir. Las heridas no terminan de cicatrizar nunca, y se me hace eterno. Y en otras ocasiones, no quiero que se cierren. Y cuando están a punto de sanar, echo mano de los recuerdos que me llevan de vuelta a la realidad, que me recuerdan que no estoy ciega. Y que no puedo pasarme la vida en un mundo en el que no te puedes equivocar. Así no me olvido de los episodios dolorosos. ¿Suena masoquista verdad? Será porque hacen daño. Pero, los recuerdos malos solo son malos cuando has tenido recuerdos geniales con los que compararlos. Lo que a forma de cadena te hace recordar los momentos especiales. A veces intentar olvidar es como recordar de nuevo.
